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martes, 5 de marzo de 2024

Nina de Andrea Jaurrieta

Ayer por la mañana pude ver en el 27  Festival de Málaga Nina. Una mujer atormentada regresa a su pueblo en el Pais Vasco con deseos de venganza. La segunda película de Andrea Jaurrieta tiene un progreso notable desde  su debut con Ana de día (2018). Nina está impregnada del espíritu y ritmo del cine clásico, destacando un guión sutil dónde nada es evidente y donde Jaurrieta compone unos planos y secuencias de enorme belleza con inteligencia y talento. La protagonista es la inconmesurable Patricia López Arnaiz, que está maravillosa, interpretada en su época adolescente por Aina Picarolo, con naturalidad, frescura, inocencia y dulzura. La acompaña en su juventud un formidable y poderoso Dario Grandinetti.


La historia está contada en dos tiempos que se entrelazan a la perfección con constantes flashbacks que van componiendo a fuego lento el desarrollo de la trama sobre el tema del abuso. Lo que pasa es que está contado desde un punto de vista diferente donde no queda nada claro si el abuso se produce o no. Lo que si queda claro según avanza la historia es que medio pueblo estaba al corriente de lo que sucedia.

El color rojo sangre está presente en muchos planos, algo que tiene su razón de ser, pero de lo que no voy a hablár más. 

La directora habló de sus referencias que la inspiraron como Bernard Herrmann en la música, y Brian de Palma en la dirección con mención a Vestida para matar. Brillante trabajo de casting en este western moderno; muy logrado el parecido físico entre las dos actrices que hacen de Nina. Una en la cuarentena y la otra con 15 primaveras. A destacar la escena de la procesión que está montada de forma prodigiosa, alternando pasado y presente con ritmo vertiginoso, que rinde homenaje a Calle mayor de Bardem . 

4 ⭐ de 5.

viernes, 17 de marzo de 2023

20.000 especies de abejas de Estíbaliz Urresola

Tras su paso por la Berlinale, por fin llego la esperada 20.000 especies de abejas. 

Cuenta la historia de Aitor, un niño de 8 años al que algunos de su familia llaman Coco pero que prefiere llamarse Lucía. 

Ane, interpretada por la siempre convincente Patricia López Arnáiz, viaja al pueblo de su madre con sus tres hijos, dos varones y una niña, para pasar unos días. Allí con la presencia de su madre, y en especial, de su tía Lourdes,  apicultora que trabaja con las abejas con propósitos medicinales, que será el catalizador para que la verdadera naturaleza de esa niña vaya brotando, floreciendo. Es preciosa la relación de Lourdes con la niña. Y entrañable y estrecha la relación de Lourdes con su sobrina Ane. 

El guión, con múltiples capas y matices ofrece una historia bien compleja. La colmena es un trasunto de la familia. Las abejas eran un animal sagrado en las antiguas baladas vascas, y la metáfora es más que interesante. Sobre la diversidad que tiene una colmena, la misma que hay entre nosotros, los humanos.  Estíbaliz huye de las etiquetas en su propuesta, lo trans es una palabra más usada por los adultos. Los niños que transitan esos caminos son simplemente eso, niños o niñas. Urresola ofrece un estilo naturalista que recuerda a Carla Simon y su premiada Verano 1993. La película sin ser coral, tiene muchas obreras, algunos zánganos y una reina espectacular interpretada por Sofía Otero, que nos regala un personaje con una madurez impresionante, tiene una mirada y una fuerza descomunal que te atrapa desde los primeros fotogramas.  Fue merecedora del premio a la mejor interpretación en la pasada Berlinale. El pero se lo ponemos a que la película tarda un poco en arrancar, pero consigue transmitir e interesar con todo lo que cuenta. 

La historia surgió a raiz del suicidio en 2018 de un menor trans de 16 años en el País Vasco que no encajaba en un sistema rígido. Estíbaliz se puso en contacto con familias que estaban transitando por estas vivencias con sus hijos o hijas, y desde ahí empezó a darle forma al guión.

Sofía que es una niña muy alegre y expresiva como vimos al recoger el premio en Berlín, apareció al principio del casting de casi 500 niñas, pero no fue hasta casi el final cuando Estíbaliz decidió hacerle una prueba específica para el personaje de Coco.