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miércoles, 19 de febrero de 2025

Cónclave, de Edward Berger

 

Edward Berger, director de la premiada Sin Novedad en el frente, nos regala un thriller apasionante sobre un nuevo cónclave. Tras la inesperada muerte del Sumo Pontífice, el cardenal Lawrence es designado como responsable para liderar uno de los rituales más secretos y antiguos del mundo. 

Cónclave, basada en la novela (2016) del mismo título de Robert Harris, se inicia con la muerte del Papa en el primer minuto de metraje. El cardenal decano Lawrence (intrepretado por un magistral Ralph Fiennes- para muchos "el del Paciente Inglés" y que se dio a conocer con la obra maestra La lista de Schindler, se dirige a pie a la residencia papal para hacer el último rezo ante el cuerpo sin vida del pontífice que acaba de fallecer. La fascinación empieza a apoderarse de mi con una serie de bellas estampas de los cardenales haciendo cosas terrenales como fumando un cigarro, consultando el smart phone o llegando al palacio arrastrando sus maletas, y todo ello vestidos con sus sotanas. Ese fragmento es muy visual y me recordó a La gran belleza

La película tiene una factura técnica impresionante. A destacar el tono solemne y la excelente dirección de Berger. La excelente fotografía de Stephane Fontaine, permite al espectador deleitarse con numerosos planos de gran plasticidad. La música de Volker Bertermann imprime tensión y ritmo de thriller y tiene algo metálico que me recordó por momentos a la de The brutalist. 

Me gustó la propia liturgia del ritual, los ceremoniosos procedimientos en cada una de las votaciones para elegir al nuevo papa. Los cardenales se reúnen en la Capilla Sixtina, bajo estrictas medidas de seguridad, incluso deben dejar fuera sus móviles. Escriben el nombre del candidato en la papeleta,  Dicen un juramento en latín antes de depositar el voto. La lectura en voz alta de cada uno de los votos, una vez terminada la votación. Cada uno de los votos se enjaretan en una especie de aguja larga y se van apuntando uno a uno y al final todas esas papeletas se quitan y se queman resultando en una fumata, que de ser blanca significa habemus papam.  Eso sólo sucede cuando un candidato consigue dos tercios de los votos.

La película está formidablemente hecha, con algunos giros de guión inesperados hasta una creíble y sorprendente resolución final.  El variopinto reparto aporta una serie de candidatos entre los que hay un latino, otro de color, un italiano, conformando un nutrido grupo de papables. En el reparto sobresalen los actores Stanley Tucci, John Lithgow, Sergio Castelito e Isabela Rossellini en un brevísimo personaje de apenas 5 minutos, pero le han bastado para ser nominada al Óscar. En Cónclave, las mujeres tienen un papel muy secundario porque todo el protagonismo se lo llevan los hombres. Aquí las mujeres solo están para servir. El excelente guion nos ofrece grandes diálogos. Me gustó uno especialmente entre Tucci y Fiennes sobre la curia y la Iglesia, sobre las ansias de poder y el abismo que separa a los obispos de la plebe. 

No quiero dejar de comentar que en los años 60 hubo otra gran película sobre un cónclave, la extraordinaria Las sandalias del pescador (1968), con el carismático Anthony Quinn como protagonista. Pero tendría que volver a verla, pues no me acuerdo de casi nada. 

En la banda sonora, hay un Miserere precioso, de Gregorio Allegri, que suena como música celestial en una de las secuencias y que ya lo tengo en mis listas de Spotify. Y otra cosa maravillosa son los escenarios naturales de Roma. Esos interiores imponentes de los palacios, las escalinatas de mármol, las estatuas, esos patios con las columnatas que te dejan sin aliento de tanta belleza. 

Y una última cosa. Como no llegué a escribir la crítica en el primer visionado que hice en diciembre, he visto la película una segunda vez para refrescar las ideas y poder desarrollar una buena crítica como Dios manda. Quiero admitir que no me importaría verla una tercera ocasión. 

El premio Bafta recibido el domingo 16 de febrero a mejor película, la acerca un poquito más al olimpo de los Óscar a mejor película, aunque tiene un firme oponente, The brutalist

Quiero terminar con un apunte de actualidad; estos días el Papa Francisco se encuentra hospitalizado con una neumonía. Esperemos se recupere pronto, porque de lo contrario tendríamos un nuevo cónclave